Voto castigo, elección sin mandatos y poder repartido
Voto castigo, elección sin mandatos y poder repartido

Voto castigo, elección sin mandatos y poder repartido

Por María Victoria Murillo, politóloga, docente en la Universidad de Columbia, Nueva York, e integrante de la Red Federal de Investigadores Electorales de CIPPEC. (*)

El voto castigo que explica la derrota del oficialismo en las elecciones legislativas, esperable en el contexto de una economía que tradicionalmente empuja al comportamiento electoral argentino, no otorga mandatos ni anuncia cambios de época.

Si comparamos los resultados de este domingo con los de la anterior elección de medio término en 2017, observamos bastante continuidad en la trayectoria de ambas coaliciones electorales, aunque se ha rotado el oficialismo de turno. Juntos por el Cambio (JxC) solamente creció del 40,6% al 42% a nivel nacional y el Frente de Todos (FdT) cayó del 35% que sumaban el kirchnerismo y el peronismo no kirchnerista al 33%.

Incluso en los bastiones electorales en los que se apuntalan sus líderes, encontramos ambiciones truncadas.

En la provincia de Buenos Aires, baluarte del FdT, donde obtuvo 38% de los votos, la comparación con las PASO opaca la caída respecto a 2017, cuando había recibido el 47% (sumando el 36% de Unidad Ciudadana y el 11% de 1Pais). Incluso JxC había recibido entonces el 42%, es decir 2 puntos más que este domingo.

En contraste, en CABA la celebración de JxC por su 47% no se compara con el 51% recibido en 2017 al que habría que sumarle el 12% de los radicales de Evolución para convergir en JxC (16 puntos menos). Mientras tanto, el 25% logrado con un candidato radical en la boleta del FdT es casi lo mismo que la suma del 21% de Unidad Ciudadana y el 5% de 1Pais en 2017.

Estos resultados generan efecto en las internas de ambas coaliciones y pueden complejizar la gobernabilidad en los próximos dos años, especialmente en un contexto de poder repartido en el Congreso. La territorialidad que representa esa división de poder, con una representación pareja en Diputados y la pérdida del quórum propio del peronismo en el Senado por primera vez desde 1983 es la verdadera novedad de la elección.

La paridad legislativa refleja la nueva geografía electoral argentina que erosionó lo que fue una ventaja territorial del peronismo desde la transición. En 2017, siendo gobierno y antes de la crisis de 2018 y 2019, JxC ganó la misma cantidad de provincias (13) que el domingo, a lo que hay que sumar el crecimiento en distritos tradicionales del peronismo.

El federalismo ya no es peronista (y no es una metáfora sostenida en un presidente no peronista de CABA). La imbricación territorial de ambas coaliciones es una buena noticia en el contexto latinoamericano de crisis de representación electoral, pero podría generar complejidades de gobernabilidad para un oficialismo en minoría, sin liderazgos claros que ordenen procesos de negociación, y en una era donde la polarización es la forma más sencilla de definir identidades políticas y generar lazos afectivos con los votantes. Lo vivió el radicalismo tras el Pacto de Olivos que modernizó nuestra constitución, pero diluyó su identidad electoral. Un radicalismo renovado y federal y un PRO en disputa entre palomas y halcones pensarán bien sus opciones con cara al 2023. Es decir, incluso si la coalición gobernante se ordenara y garantizara la coordinación interna, la gobernabilidad legislativa aparece como compleja en los próximos dos años.

(*) Su opinión no necesariamente refleja la posición de todos los miembros de CIPPEC.

Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202111/574985-voto-castigo-eleccion-sin-mandatos-y-poder-repartido.html

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