‘¡Mi reino por una lapicera!’
‘¡Mi reino por una lapicera!’

‘¡Mi reino por una lapicera!’

Telam SE

¡Mi reino por una lapicera!

En estas épocas digitales, de calambres en el pulgar y síndrome de túnel carpiano, -algo que ni le pasaba al mismísimo “Carpo” Pappo Napolitano-, época de selfies en lugar de autógrafos, de escáners en lugar de escribas, de fotos en lugar de escáners, de emails en lugar de cartas, de mensajitos de Whatsapp o Instagram en lugar de emails, de twits en lugar de conferencias de prensa, de impresoras en lugar de carbónicos, es lógico que se la revalorice a ella: La Lapicera.

No importa si es a fuente, si mancha poquito o muchito, si mancha más de lo que escribe, o si en lugar de manchar penetra 3 hojas canson son su trazo. No importa si es de pluma de ganso o si el que escribe es un ganso. La lapicera es casi como una navaja suiza: multipropósito.

La lapicera sirve, ante todo, para escribir (si tiene tinta). Sirve para hacer garabatos mientras hablás por teléfono y después venderlos en el Libre Mercado como un original de Picasso. O para dejarle un mensaje en el parabrisas al turro que te dejó el auto tapando el garaje y al que le acabás de romper 3 vidrios y pinchar 2 gomas. (Y sirve para rayar la pintura también, pero shhh… eso no se debe hacer, ¿me escucharon?)

Pero sería injusto detenernos en ese uso de la lapicera. Porque..¿qué mejor que una lapicera para rascarte el sector de la espalda al que no llegás con los brazos y las manos? A diferencia del marco de la puerta, es portátil y te podés rascar en cualquier lado. El marco de la puerta es más difícil de transportar. Y si el capuchón es removible, de esa marca que también hace encendedores, ¿Bicste?, te sirve para sacarte cera de las orejas, sacarte mugre de las uñas y hasta de escarbadientes. (Eso si: se sugiere no usarla de escarbadientes luego de limpiar las uñas y sacar cera de las orejas, pero… lapicera con gusto, no pica).

Más utilidades: la sostenés en la comisura de los labios, mirás fijo un papel y tu jefe creerá que estás resolviendo los problemas de la empresa, cuando en realidad estás tratando de resolver un Sudoku.

Y si son de esas que hacen “click”, también son terapéuticas para quien tiene el toc de hacer click, click, click, click, click…  Ojo: no es agradable para quien deba sufrir el click de tu toc, y puede que se canse y comience a experimentar el toc de querer atragantarte con la lapicera que hace click, (aunque eso no se debe hacer, pero bue… se la buscan, también, ¿no?)

Y si es un bolígrafo al que se le puede extraer el cartucho de tinta, sus usos son infinitos. Desde un mini-telescopio a un sorbete, pudiendo también convertirse en una poderosa cerbatana… ¡Si tan sólo Tom Hanks hubiese tenido una lapicera en la isla esa donde naufragó! (Imaginate el chivo de la marca que hubieran metido…). Denle una lapicera y un cartucho de tinta a MacGyver y… ¡tiembla Putin!

También es muy útil como fuente de trabajo para tintoreros y fabricantes de líquidos anti-manchas, como así también para sicólogos infantiles que deben atender a los niños víctimas de la frase: “¿Cuántas veces te dije que no lleves la lapicera en el bolsillo? ¡Es el vigésimo cuarto guardapolvo que arruinás en tres meses!” (En ese caso, señora, no hace falta cambiar de hijo: cambie de marca de lapicera. Hay algunas muy berretas, sobre todo las de oferta en el subte, las de oferta en el tren o el semáforo de la esquina de la escuela).

En caso de no tener a mano una regla, sirve para trazar rayas perfectamente corridas del renglón, y, en casos de necesidad extrema en la oficina, como cuchara para revolver el café, el té, o el vaso de agua con laxante para el jefe que te tiene harto (pero shhh… eso no se debe hacer, ¿me escucharon?).

Tampoco, por favor les pido, la usen para pinchar ojos, pinchar tujes o pinchar globos. Mucho menos preservativos.

Pero te guste o no, en la vida tenés que usar la lapicera: para firmar cuando retirás una chequera del banco, para endosar los cheques, o para regar la ciudad de cheques voladores. Para firmar pagarés, hipotecas o paga-Dios. Y si por eso vas en cana, tenés que usar la lapicera para firmar a la entrada, y también a la salida, si es que no te dan perpetua.

Tenés que usar lapicera cuando te casás, cuando te divorciás y cuando te registrás en un hotel porque te divorciaste y no tenés donde ir a pasar la noche.

Hay lapiceras caras, carísimas, de esas que crecen en el Monte Blanco, y hay lapiceras berretas, berretísimas, de esas que crecen en una fábrica de La Pi Cen Chuán, de marca “A Granel”. Hay lapiceras descartables, otras que se recargan, y otras que si te ven con esa porquería, todos te re cargan.

En fin… Que la lapicera definitivamente sirve para llevar en la cartera de la dama, el bolsillo del caballero o la oreja del carnicero. ¡Hasta para hacer un rodete con el pelo se usa! No te digo para hacerte los rulos… pero es un hecho comprobado por el Instituto de Comprobaciones del Conurbano de Massachussets: la lapicera sirve para todo.

El tema es saber usarla correctamente. Eso te lo firmo.

Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202207/597686-reflexiones-vida-diaria-stoppelman-reino-lapicera.html

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